"Para ver, cierra los ojos",  Jan Švankmajer
Traducción de Eugenio Castro, Silvia Guiard y Roman Dergam Decir que Jan Švankmajer (Praga, 1938) es uno de los grandes maestros del cine de animación es una afirmación que compartirá con nosotros cualquier persona que se haya encontrado alguna vez con su trabajo. Conocido principalmente por su obra cinematográfica —más de veinticinco cortometrajes (entre los que destacan Dimensiones del diálogo, La caída de la Casa Usher, Jabberwocky o Comida) y cinco largometrajes (Alicia, La lección Fausto, Los conspiradores del placer, Otesánek, Šílení y Sobreviviendo a la vida)—, Jan Švankmajer es ante todo un constructor de poderosas imágenes al servicio de la imaginación subversiva. Cultivador de procedimientos creativos que van del uso de marionetas al collage, del objeto al dibujo mediúmnico, los aplica a su singular exploración sobre el tactilismo y los integra todos ellos en su obra cinematográfica, la cual constituye uno de los hallazgos más deslumbrantes y perturbadores de la segunda mitad del siglo XX. Participa activamente en el Movimiento Surrealista desde 1970 hasta la actualidad. Su trabajo ha influido en creadores de la talla de los Quay Brothers, Tim Burton o Terry Gilliam, por citar a algunos nombres de sobra conocidos. Esta edición, que ha sido preparada por Eugenio Castro y Julián Lacalle, presenta por primera vez en castellano, en un solo volumen, una selección de escritos de Švankmajer los cuales suponen un acercamiento a los motivos, impulsos, circunstancias y obsesiones de tan singular creador. Además, los textos vienen acompañados de un centenar de imágenes de su trabajo, de una extensa entrevista realizada por Peter Hames y de una pormenorizada introducción de Jesús Palacios.                                 * * *  […] Traspasadas las puertas de un nuevo siglo que se anuncia estupefaciente, sedante y peligrosamente homogeneizador, el cine de Švankmajer ofrece una lección única, una iluminación con que alumbrar los oscuros milenios venideros: la necesidad de que el espectador despierte y asuma su propio trabajo, su propia entidad creadora, manipulando selectiva y ritualmente los elementos de la creación cinematográfica (y por extensión artística) que se le ofrecen, para articular así su propio dominio de los materiales con que el cine y los medios tantas veces pretenden dominarle. La creación de un espacio en el que la naturaleza del cine se rebela (y revela), por intermedio del propio espectador, para transformarse en «otra cosa»: en mitología, en viaje, en memoria táctil, en brujería, en sueño, en magia, en archivo akásico de una civilización quizá moribunda. Si el espectador (más aún el que osadamente se erige en crítico) no toma conciencia como Artista y no controla y manipula el material que se le ofrece, este material le controlará y manipulará siempre, convirtiéndole en pelele de un mundo feliz. Si, por el contrario, es capaz de reaccionar y elevar su sentido de la visión, su condición de testigo y espectador, hasta equipararse con la del creador o creadores que le ofrecen sus obras, habrá despertado. Será un conspirador del placer. Y, como tal, habrá de asumir el riesgo. Los sueños son siempre algo más que sueños. [Extracto de la introducción de Jesús Palacios]

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"Para ver, cierra los ojos", Jan Švankmajer

Traducción de Eugenio Castro, Silvia Guiard y Roman Dergam

Decir que Jan Švankmajer (Praga, 1938) es uno de los grandes maestros del cine de animación es una afirmación que compartirá con nosotros cualquier persona que se haya encontrado alguna vez con su trabajo.

Conocido principalmente por su obra cinematográfica —más de veinticinco cortometrajes (entre los que destacan Dimensiones del diálogo, La caída de la Casa Usher, Jabberwocky o Comida) y cinco largometrajes (Alicia, La lección Fausto, Los conspiradores del placer, Otesánek, Šílení y Sobreviviendo a la vida)—, Jan Švankmajer es ante todo un constructor de poderosas imágenes al servicio de la imaginación subversiva.

Cultivador de procedimientos creativos que van del uso de marionetas al collage, del objeto al dibujo mediúmnico, los aplica a su singular exploración sobre el tactilismo y los integra todos ellos en su obra cinematográfica, la cual constituye uno de los hallazgos más deslumbrantes y perturbadores de la segunda mitad del siglo XX.

Participa activamente en el Movimiento Surrealista desde 1970 hasta la actualidad. Su trabajo ha influido en creadores de la talla de los Quay Brothers, Tim Burton o Terry Gilliam, por citar a algunos nombres de sobra conocidos.

Esta edición, que ha sido preparada por Eugenio Castro y Julián Lacalle, presenta por primera vez en castellano, en un solo volumen, una selección de escritos de Švankmajer los cuales suponen un acercamiento a los motivos, impulsos, circunstancias y obsesiones de tan singular creador. Además, los textos vienen acompañados de un centenar de imágenes de su trabajo, de una extensa entrevista realizada por Peter Hames y de una pormenorizada introducción de Jesús Palacios.

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[…] Traspasadas las puertas de un nuevo siglo que se anuncia estupefaciente, sedante y peligrosamente homogeneizador, el cine de Švankmajer ofrece una lección única, una iluminación con que alumbrar los oscuros milenios venideros: la necesidad de que el espectador despierte y asuma su propio trabajo, su propia entidad creadora, manipulando selectiva y ritualmente los elementos de la creación cinematográfica (y por extensión artística) que se le ofrecen, para articular así su propio dominio de los materiales con que el cine y los medios tantas veces pretenden dominarle. La creación de un espacio en el que la naturaleza del cine se rebela (y revela), por intermedio del propio espectador, para transformarse en «otra cosa»: en mitología, en viaje, en memoria táctil, en brujería, en sueño, en magia, en archivo akásico de una civilización quizá moribunda. Si el espectador (más aún el que osadamente se erige en crítico) no toma conciencia como Artista y no controla y manipula el material que se le ofrece, este material le controlará y manipulará siempre, convirtiéndole en pelele de un mundo feliz. Si, por el contrario, es capaz de reaccionar y elevar su sentido de la visión, su condición de testigo y espectador, hasta equipararse con la del creador o creadores que le ofrecen sus obras, habrá despertado. Será un conspirador del placer. Y, como tal, habrá de asumir el riesgo. Los sueños son siempre algo más que sueños.

[Extracto de la introducción de Jesús Palacios]


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